1 de febrero de 2010

Yo, mi mejor inversión.

"No, gracias. Prefiero dejar mi salud mental en manos de un psicólogo que en manos de un ingeniero."
Cristián Rojas "Injeniero Barsa"

Marzo 2009. Estación Tobalaba del Metro. Una amiga mía de años pidió que nos juntáramos ahí, cerca de mi pega, para conversar acerca de algo muy importante: "Barsa, te quiero invitar a un grupo que te va a cambiar la vida. Yo ya fui a una sesión y es bastante fuerte, pero vas a salir renovado y feliz".

Mi reacción inmediata fue de duda, la cual se acrecentó cuando, días después, me llamó otro conocido del DCC, con el cual a lo más hacíamos imitaciones juntos, a invitarme a este grupo de crecimiento personal. Lo divertido es que, a pesar de que no teníamos mayor cercanía, al hablar conmigo por celular me trataba como si fueramos amigos de toda la vida.

Tiempo después, mi amiga de al principio me propuso que nos juntáramos a tomar café, momento en el cual nos pusimos al día, para terminar con toda una exposición por parte de ella para convencerme de entrar a su grupo. "Me cambió la vida, Barsa. Ahora estoy muy feliz. Me siento mucho más cerca de mi familia, de mis amigos, de mi pololo".

Pero no lograba convencerme. De hecho, me asustó. No tenía idea del por qué, pero me asustaba la idea de entrar a ese grupo. Más me asustaba el hecho de, en forma meteórica, varios muchachos del DCC iban cayendo en este grupo.

"¿Será una secta?" me preguntaba yo. Comencé a buscar información en la red. Encontré información acerca de este tipo de grupos. Incluso me compré un libro acerca de sectas, el cual me devoré en un fin de semana. Con eso me quedó claro de que este grupo no es una secta. No los he visto hacer suicidios masivos ni ataques terroristas (aún).

Estando claro de qué se trataba este grupo, mi miedo fue aún mayor. Boo cuenta cómo funciona y lo detalla bastante bien, muy a pesar de que el tratar a la gente de gusanos o idiotas no es algo que yo apruebe. Sin embargo, el miedo que me causaban los embates de los agentes de esta organización y su penetración meteórica entre los miembros de mi comunidad universitaria (sí, aún me siento parte de la Escuela, y este año más aún), me hizo pensar en mis trancas y falencias, las cuales esta gente me prometía y me juraba de guata al suelo que el grupo resolvería.

Así que decidí meter lucas en mi mismo, pero no a través del programa de seminarios que ofrece el grupo, sino a través de un proceso el cual yo ya conocí una vez, y cuya efectividad he comprobado con creces: La psicoterapia.

¿Por qué psicoterapia y no este "potente" método? De partida no me interesa escupir mis intimidades ante un grupo de 50 desconocidos. Prefiero hacerlo con alguien licenciado en salud mental y/o en alguien en quien confíe. Segundo, a menos que sea en un lugar recóndito del Cajón del Maipo y con toneladas de cerveza, no me interesa salir de la ciudad por un fin de semana completo. Tercero, las únicas sesiones maratónicas en las que me interesa participar son, en efecto, las maratones. Cuarto, no quiero andar reclutando gente y coerciéndolos a que se unan a mi causa. Cada quien es libre de hacer lo que quiera. Quinto, no me interesa que me rompan sicológicamente. Los procesos mentales son más efectivos cuando se establece una relación de confianza. Sexto, me considero un librepensador capaz de ejercer el pensamiento crítico. No me interesa que me extirpen eso.

Y septimo, me siento bien. Me siento mejor. Soy un hombre feliz. Cuando le cuento a la gente cuánto pago por psicoterapia me dicen "igual es harto", pero la inversión lo vale. He conocido gente nueva. He conocido nuevas experiencias. Estoy aprendiendo a decir que no. La inversión ha rendido sus frutos.